El principal cambio es la apertura a la experiencia, es decir, la accesibilidad a la conciencia de toda sensación, sentimiento, emoción o pensamiento, y la percepción de los estímulos externos de una forma fluida, directa, sin clasificar la experiencia en categorías rígidas. En términos del sí mismo (self), significa un cambio en su estructura, éste se vuelve más amplio e integrador, ya que percepciones o sentimientos antes no integrados en él, no conscientes, ahora sí lo son. Implica que una mayor parte de la experiencia total del organismo se incorpora directamente en el sí mismo, sin distorsión. El sí mismo en sí cambia y se vuelve un sí mismo “orgánico”, cuya base es el sentir de un organismo en permanente cambio. La persona ahora es su propia experiencia. De esta forma disminuyen o desaparecen las resistencias y mecanismos de defensa, pues ya no hay que proteger al sí mismo de ninguna percepción amenazante pues todas o gran parte pueden integrarse en él. La persona se torna congruente con su percepción, conciencia y conducta. Igualmente al existir mayor conciencia hay mayor “insight” o comprensión de sí misma.

 

          Mayor aceptación de sí mismo como persona digna de respeto, mayor valoración y aceptación de la experiencia propia por el hecho de serlo. Hay una actitud más positiva hacia sí mismo.

          Cambio en el foco de evaluación: se vuelve interno. Los valores y decisiones se basan en la propia experiencia y no en las expectativas y valores de los demás. Las consecuencias de la propia conducta se evalúan de la misma forma, según la experiencia orgánica y no según evaluaciones ajenas. El sistema de valores de la persona, además de ser interno, es flexible y adaptable a las distintas circunstancias. La persona es la evaluadora de la experiencia propia, según su sentir, como dice Rogers “mi experiencia es mi máxima autoridad” .

         

          Mayor aceptación de la conducta de los demás y mejores relaciones interpersonales: al experimentar el respeto y la aceptación hacia sí misma, la persona también es capaz de comprender, respetar y valorar la conducta de otro ser humano como diferente a ella misma. Al darse el permiso de ser uno mismo puede valorar la importancia de que cada cual lo sea de la misma forma. Las relaciones interpersonales mejoran al mejorar la comunicación, por esta actitud de coherencia interna y respeto. La persona se torna asertiva, acepta y comunica que el origen de sus sentimientos es ella misma.

          La conducta se vuelve más madura, más adaptada a cualquier situación vital, más realista y responsable, ya que se orienta por la totalidad de los datos sensoriales. Una mayor parte de la experiencia relevante aparece en la conciencia por lo que las decisiones son más racionales y menos reactivas o guiadas por esquemas del pasado. La conducta es autodirigida, menos defensiva y más socializada. Se observa también un mejor funcionamiento en las tareas de la vida diaria.

          También se ha demostrado una mayor tolerancia a la frustración, observable en medidas fisiológicas.

 


La Terapia Centrada en la Persona conduce, en resumen, a una mayor congruencia entre el sí mismo y el campo de la experiencia tanto interna como externa.