Esta imagen es muy desagradable, pero para mí ilustra perfectamente el sentimiento de suciedad, de pérdida de inocencia que se instaura en el corazón del niño/a que sufre abuso o maltrato.

 

INSTRUMENTAL IV

Capítulo 5

Sobre este capítulo, voy a tratar sobre dos temas que describe James, el Trastorno Disociativo y el sentimiento de vergüenza.

La Disociación como Mecanismo de defensa

“Cuando esa parte de mí que se disociaba del resto durante las violaciones es la que lleva la batuta, soy capaz de existir sin dinero, sin amigos, sin un sitio donde vivir, y no solo dar la impresión de que estoy bien, sino de que me va fenomenal. En las épocas oscuras las amistades no significan nada para mí; los humanos pasan a ser únicamente un medio con el que conseguir ciertas cosas: dinero, consuelo, aprobación, un trabajo, sexo; y cuando han cumplido su función, se pasa al siguiente” Instrumental, pag 64*.

Una parte de él se disociaba del resto durante las violaciones, para no sentir y no registrar lo que le estaba pasando, para sobrevivir. Con el tiempo esa parte disociada, que no tiene sentimientos ni emociones porque está desconectada, desintegrada del yo, asume el mando en cada vez más momentos, ya no sólo durante las violaciones sino cuando aparece algún conflicto o sentimiento de angustia. Y asume el mando para sobrevivir, en modo automático, adaptándose a la situación de la mejor forma posible y obteniendo la mayor ventaja o beneficio. Esa parte disociada no conoce la empatía porque es una parte “no humana”, robotizada, fría, calculadora, sin sentimientos. En este aspecto el comportamiento es similar al psicopático. Sin embargo, sabemos que James no es un psicópata, entre otras cosas, porque si lo fuera no se habría derrumbado emocionalmente en distintos momentos de su vida y no habría buscado ayuda. Los psicópatas no se hunden, su mecanismo de defensa es una coraza de acero difícil o imposible de romper.

El sentimiento de Vergüenza

“La vergüenza es el legado que dejan todos los abusos. Es lo que garantiza que no salgamos de la oscuridad (…). El diccionario define la vergüenza del siguiente modo: Una dolorosa sensación de humillación o congoja causada por la conciencia de haber actuado mal o con insensatez. Y esta definición me parte un poco el corazón. Todas las víctimas consideran en un determinado momento que lo que les han hecho son actos malos o insensatos que ellas han cometido. A veces, si tienen muchísima suerte, pueden darse cuenta y aceptar a un nivel profundo que se equivocan, pero normalmente se trata de algo que en el fondo siempre creen, que siempre creo, que es cierto.” Instrumental, pag 70*.

¿Por qué aparece la vergüenza en los abusos y por qué este sentimiento se queda en la persona, a veces para siempre, como parte definitoria de su identidad?

En primer lugar, su origen está en el razonamiento que hace el niño/a, que es erróneo, pero es la única forma que tiene de explicarse a sí mismo/a lo que le sucede según su nivel evolutivo. Este razonamiento es el siguiente:

“Si este adulto, que actúa correctamente porque es un adulto, que es bueno, porque así lo dicen y lo tratan los demás adultos, me hace esto, debe ser porque hay algo en mí que provoca que él haga eso. Entonces yo tengo algo que ver con esto. Soy culpable, hay algo malo en mí. Y además, como lo que me hace es malo, al hacérmelo yo también me convierto en malo”

Aquí es interesante apuntar algo: imaginemos que quien realiza el abuso es un monstruo, alguien que se disfraza de monstruo y que el niño/a cree que lo es realmente. Entonces no aparecería la vergüenza ni la culpa, porque se conservaría la identidad del niño/a como víctima. El monstruo es malo de por sí y hace cosas malas. De esta forma el niño/a al menos puede tratar de escapar, pedir ayuda, gritar. Se sentiría presa del pánico pero la acción cometida (el abuso) podría ser atribuida en su totalidad al monstruo.

Pero no es un monstruo el que hace eso. Es un familiar o un conocido que en otros momentos se comporta de forma correcta, tiene en muchas ocasiones un antecedente de vinculación positiva con el niño/a, una relación de afecto y protección, y además es tratado por todos los demás adultos como si fuera una persona buena y adecuada.

¿Cómo soluciona el niño/a esta incongruencia, este “cortocircuito” en su psique, que sólo él siente y todo el exterior parece negarlo? Lo soluciona como hemos dicho repetidamente, culpándose a sí mismo/a, lo que ocasiona la vergüenza. Estos dos sentimientos van unidos.

La vergüenza, en gran parte, es responsable del silencio de las víctimas durante años. Vergüenza y culpa. Este sentimiento impide que la víctima se considere como tal. Es una creencia grabada a fuego que como bien dice James no puede ser cambiada con argumentos racionales. Podemos usar la metáfora de una planta que está creciendo y estos sentimientos han ido trenzándose en su joven tallo en crecimiento como un hilo negro, incrustándose en él. Al final, este hilo forma parte del tallo aunque es algo en inicio ajeno a él. Dice James que es difícil, casi imposible hacer desaparecer por completo este sentimiento. Sólo, según él, demostrando amor incondicional de forma continua y consistente a la víctima. Sólo así se puede ir poco a poco socavando estas creencias. El counseling o Psicoterapia centrada en la Persona, por su esencia de aceptación incondicional, es una relación humana óptima para este fin.

 

 

*James Rhodes, Instrumental. Barcelona, 12ª edición, ed.Blackie Books.

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTRUMENTAL III

Capítulo 4

James cuenta en este capítulo que, con diez años, por fin cambió de colegio, y sólo así cesaron los abusos.

James no lo narra, pero podemos suponer cómo sobrevivió estos cinco años y por qué no lo denunció. Desde fuera resulta difícil de comprender que no lo hiciera, porque parece algo que contradice al sentido común: ¿Por qué no se lo dijo a nadie? ¿Por qué nadie se dio cuenta?

Para responder a estas preguntas tenemos que considerar dos factores. Por un lado, el poder que el abusador ejerce sobre el niño/a, sus amenazas, la percepción de indefensión del niño/a. Por otro lado, el entorno se comporta de forma ciega y sorda, los profesores y familia permanecieron ignorantes hacia las señales que de forma manifiesta mostraba James. Todos los niños y niñas envían a su entorno distintos mensajes (cambios de comportamiento, miedos, rechazo hacia algunas actividades o personas…, por no hablar de signos físicos). En el caso de James, una profesora sospechaba que algo no iba bien con él y sus clases de gimnasia, incluso pudo observar en ocasiones restos de sangre en el niño, pero no tuvo el valor o la visión certera de lo que ocurría, porque se dejó llevar por la convención social que estipula que “los adultos normales y adaptados no hacen estas cosas”.

Roland Summit, psiquiatra norteamericano, describe el Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil. Así se explica lo que vivió James probablemente y por qué no se lo dijo a nadie. Expone cinco patrones conductuales que aparecen usualmente en niños y niñas víctimas de abuso, en este orden:

  1. Secreto. Imposición de la ley del silencio por medio de amenazas, por la inculcación y generación de sentimientos de culpa, vergüenza o responsabilidad de lo que ocurre. El niño/a está sumido en una gran confusión y no se considera como víctima; se siente responsable en alguna medida de lo que le está pasando. También intuye que no lo van a creer si lo cuenta o lo van a culpar a él (lo cual no es improbable).
  2. Desprotección. El niño/a se siente indefenso y se establece un vínculo de sumisión y dependencia con el abusador.
  3. Atrapamiento y Acomodación a las experiencias traumáticas mediante mecanismos de defensa que permiten sobrevivir en lo inmediato, como la disociación, pero que ya hemos visto que desestabilizan la personalidad para el resto de la vida.
  4. Revelación tardía, en el caso de James, casi treinta años después del inicio de los abusos. ¿Por qué? Porque la persona precisamente lo que ha tratado durante toda su vida es olvidar, reprimir, apartar a un lado, tratar de vivir como si eso no hubiera pasado, tratar de borrarlo. Pero en algún momento de crisis vital, parte de las víctimas, no todas, no pueden tapar más esos recuerdos. Es por esto que estos delitos no deben prescribir, porque esta dinámica de revelación tardía es usual en este tipo de abuso.
  5. Summit añade como último patrón conductual la Retractación, sobre todo en el caso de Abuso intrafamiliar. La revelación de los hechos suele desencadenar una crisis familiar, lo que carga con aún más culpa a la víctima, y en no pocos casos la víctima acaba retractándose por no soportar esta presión. Es de esperar que a medida que estos delitos sean más visibles y denunciados este patrón deje de ser usual.

 

James sigue narrando que al cambiar de colegio cesaron los abusos obviamente, pero después de casi cinco años de violaciones reiteradas, se había convertido en un autómata, un niño desconectado de sí mismo (precisamente esto es lo que le permitió sobrevivir desde el punto de vista biológico). James a los diez años ya exhibe los comportamientos típicos de un preadolescente abusado, que son a su vez indicadores específicos de abuso sexual:

  • Conductas seductoras hacia otros adultos o chicos mayores, intercambio sexual a cambio de chocolatinas, helados… Para él esta era la conducta aprendida de intercambio, para sobrevivir y para obtener pequeños beneficios en este nuevo escenario escolar. También era la forma de conseguir cierto alimento afectivo.
  • Aislamiento social de sus iguales.
  • Otros indicadores específicos de abuso sexual, no en el caso de James son: promiscuidad, abusos sexuales (la víctima se convierte en victimario), trastorno de la identidad sexual, prostitución, elegir como pareja a un abusador. Muchos de estos indicadores se engloban en la llamada sexualización traumática.

 

Por otra parte, James se considera a sí mismo, en estos años de pre adolescencia, un pequeño psicópata que torturaba pequeños animales. Estas conductas, como torturar animales, pequeños robos, mentiras, crueldad con sus iguales o menores que él, expresan la necesidad de la víctima de sacar fuera su rabia y reproducen en el otro (un animal o un niño menor) la propia experiencia de abuso vivida. Hacen lo que se les hace o se les ha hecho a ellos. Es preciso señalar aquí, no siendo el caso de James, que los psicópatas, los adultos sin empatía, no han sido los niños a los que no se les ha impuesto disciplina ni límites, sino los niños a los que se maltrató cruelmente, que no conocen la empatía porque no han sido sentidos empáticamente por sus cuidadores adultos.

Para terminar, James cuenta lo que sintió cuando con siete años descubrió la música clásica con la Chacona de Bach, responsable de su amor por la música. Describe que cuando escuchó esta pieza por primera vez en una cinta de cassette en un walkman, sintió como si la música arreglara algo que estaba roto en su interior. Se convirtió en su refugio. En ese momento supo que iba a dedicar su vida a la música. Fue un momento de revelación lo suficientemente intenso como para tocar algo en su interior ya que por lo general tenía dormidas, anestesiadas sus emociones.

 

 

 

 

 

INSTRUMENTAL

Comienzo una serie de artículos, que son en parte transcripción y en parte elaboración de los vídeos hechos por mí acerca del libro Instrumental de James Rhodes, que están publicados en mi canal de Youtube Psicoterapia Centrada en la Persona.

Este libro, escrito por el pianista inglés y afincado en España James Rhodes, describe los abusos sufridos en su infancia por su profesor de gimnasia. Abusos, más bien deben llamarse, en su justo término, violaciones sufridas desde los 5 hasta los 10 años de edad. Violaciones sorprendentemente sostenidas en el tiempo y no descubiertas por nadie de su entorno a pesar de distintos signos que deberían haber hecho saltar las alarmas. En esta serie de artículos trataré de arrojar luz sobre la dinámica del abuso sexual infantil desde el punto de vista de la víctima, sobre cómo puede ser posible que se mantengan por tanto tiempo, sobre sus consecuencias devastadoras para el resto de la vida, sentimientos asociados, secuelas psicológicas…todo al hilo de lo que narra James. Estos tipos de abusos ocurren a nuestro alrededor, en cualquier familia, en cualquier ámbito y clase social, y como sociedad tenemos que abrir aún más los ojos hacia esto.

Gracias a James por escribir este libro tan honesto que me ha hecho aprender tanto, y por toda la labor de denuncia y prevención de todo tipo de abusos a los niños y niñas.

Debo señalar que para explicar estas dinámicas también me baso en el libro de Irene Intebi “Abuso sexual infantil en las mejores familias”. Buenos Aires: Granica, 2011.

 

 

COMENZAMOS….

 

Capítulo 2

James es un niño de 5 años especial, sensible, con necesidad de mirada y afecto, y su profesor de gimnasia, Peter Lee, inicia con él un proceso de “seducción” bastante común en los procesos de abuso sexual. Este proceso dura bastante tiempo (meses). El profesor es un adulto que hace sentir a James especial, importante, valioso. Le hace sentir que es tomado en serio, todo esto para ganar la confianza y admiración del niño, de forma calculada. Le hace regalos…establece con él una relación singular entre adulto y niño, con un trato preferente hacia él. Para cuando tiene lugar la primera violación, James ya está dentro de una burbuja de afecto, atención y confianza, y este hecho inicia la confusión básica de la que hablaremos repetidamente: “¿Cómo puede hacerme algo así si me quiere, si es bueno? Entonces debe ser porque hay algo malo en mí, yo he provocado esto de alguna forma. Soy culpable de alguna manera.” Y así aparece la vergüenza, la culpa, la destrucción de la autoestima, junto con la rabia, que sería esta última la emoción más sana y adecuada, la más real, pero que tuvo que ser reprimida. De esta forma, se propicia el que puedan ocultarse los hechos y que el niño no pida ayuda, además de por las amenazas del profesor. En el pensamiento infantil, el abusador es un amigo, por tanto, ambos tienen la misma responsabilidad en lo sucedido ya que el niño deseaba la compañía de esa persona, aceptaba sus regalos y no se resistía a los hechos (porque no tenía capacidad física ni psicológica para resistirse).

Sin embargo, lo único real aquí es la TRAICIÓN del adulto.

El niño/a necesita explicarse a sí mismo/a por qué le ocurre esto, y como su pensamiento es autorreferencial, concluye que es culpable.

“Abusos. Menuda palabra. Violación es mejor. Abusar es tratar mal a alguien. Que un hombre de cuarenta años le meta la polla por el culo y a la fuerza a un niño de seis años no se puede considerar abuso. (…) Es una violación con ensañamiento, que provoca múltiples operaciones, cicatrices (internas y externas), tics, trastorno obsesivo compulsivo, depresión, ideación suicida, enérgicos episodios de autolesiones, alcoholismo, drogadicción, los complejos sexuales más chungos, confusión de género, confusión sexual, paranoia, desconfianza, una tendencia compulsiva a mentir, desórdenes alimenticios, síndrome de estrés postraumático, trastorno disociativo de la personalidad, etc, etc, etc.” Instrumental pág. 35.

Se inician las violaciones recurrentes, y James se convierte en un autómata, un niño apagado, desgraciado, introvertido. Se convierte en lo que el psicoanalista Leonard Shengold llama “asesinato del alma”: el intento deliberado de erradicar la identidad separada de otra persona. El alma del niño permanece esclavizada por el adulto. Entre los hechos que provocan el “asesinato del alma” se encuentran el abuso sexual, la deprivación emocional, o la tortura físca y psicológica.

 

 

 

 

INSTRUMENTAL II

Capítulo 3

En este capítulo James describe distintas consecuencias de la agresión sexual reiterada que sufrió desde los 5 años. Como otras víctimas de violación, siente que lleva una mancha que nunca desaparece, porque hay mil cosas cotidianas que se lo recuerdan.

Voy a hablar primero de los síntomas relacionados con la pérdida de control. Al ser agredido de forma continuada, sin posibilidad de escapar, sin puntos de referencia, sin testigos, sin poderlo nombrar, el niño/a pierde el sentimiento de seguridad y protección, que es una necesidad básica en la infancia. Por tanto acaba viviendo en un estado de alerta y amenaza constante, y desarrolla síntomas de hipervigilancia e hipersensibilidad a los estímulos ambientales. Los tics (gestos involuntarios, gruñidos, chillidos), también de tipo mental (necesidad imperiosa de desarrollar una idea hasta el final), son una forma de tratar de controlar el ambiente para evitar amenazas, para sentir una falsa o tentativa sensación de seguridad y control, una forma simbólica de controlar lo que ha escapado a todo control. Todas estas conductas, relacionados con el TOC (trastorno obsesivo compulsivo), para mí tienen su origen en esta percepción de ausencia de control.

La Disociación

Es el más grave y duradero de los síntomas. James cuenta que sale de su cuerpo mientras está siendo violado, flota y se observa desde arriba (casi como en un viaje astral), incluso atraviesa paredes. Esta sensación para él es maravillosa, le permite escapar de una realidad emocionalmente intolerable, y resulta un mecanismo de defensa excelente ante una circunstancia extremadamente traumática que desborda la capacidad de elaboración, asimilación y metabolización de la psique infantil. Permite sobrevivir, evita el colapso mental y físico. Permite “funcionar” de una forma aceptable.

En la disociación tiene lugar una fragmentación de la conciencia y de la identidad, el hecho traumático parece ser vivido por otra persona, y además las emociones asociadas al hecho permanecen separadas de la conciencia.

Si se cronifica, la disociación se convierte en un problema en sí misma. Cuando el hecho traumático se repite, y no se puede escapar, la disociación acaba activándose ante cualquier circunstancia que implique conflicto y angustia, con la consiguiente separación emocional (poca o nula conciencia de las propias emociones), perjudicando el funcionamiento normal al existir amnesia de lo experimentado durante el estado de disociación.

Reacciones fisiológicas sexuales en el niño/a

James explica que aún hoy, a veces tiene una erección cuando llora. Porque, en sus palabras, “yo lloraba mientras él me la chupaba”. Como ocurría con el perro de Pavlov, se establece un mecanismo de condicionamiento clásico que asocia fisiológicamente el llanto y la emoción de miedo con la excitación sexual. El abusador estimula deliberadamente zonas erógenas en el cuerpo del niño/a, y provoca una respuesta fisiológica específica, la erección en este caso, porque en el organismo infantil existe esta disposición biológica.

Aquí quiero señalar que esto no puede usarse para justificar que existe una sexualidad infantil similar a la del adulto, y que la relación sexual entre niños y adultos no sería tan dañina. Si esto fuera así, si la psique y el organismo del niño estuvieran preparados o maduros para una relación sexual con otro adulto, entonces:

  • Las consecuencias psicológicas no serían tan devastadoras como comprobamos una y otra vez en el relato de las víctimas y en la psicopatología producida.
  • No existiría la pubertad sino que naceríamos ya con capacidad reproductora, lo cual es absurdo, porque entonces estaríamos negando la infancia como el período de crecimiento, desarrollo y progresiva maduración de distintas capacidades, psíquicas y físicas.

Una cosa es la capacidad del niño de sentir placer, con todo su cuerpo, y la conducta autoexploratoria y exploratoria con sus iguales, y otra muy distinta el mantener una relación sexual con un adulto. No son similares la sexualidad adulta y la infantil, porque biológicamente tienen distintos fines, al no existir capacidad reproductiva en la infancia. Sin embargo, sí existe esa disposición biológica, que puede ser despertada precozmente, pero este despertar está fuera de sitio, fuera de su lugar evolutivo, es intrusivo y traumático.

También hay que mencionar el tema del consentimiento. Si en una persona adulta es el consentimiento lo que determina o no la existencia de agresión sexual, en un niño/a no puede existir tal consentimiento real ni libre, por la asimetría entre niño-adulto. El niño/a no tiene capacidad psicológica para comprender lo que implicaría este consentimiento, y además depende totalmente del adulto por lo que nunca sería íntegramente libre.

 

 

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12 Apr 2020 15:27 - Maria Cruz Tébar
Instrumental IV

 

Esta imagen es muy desagradable, pero para mí ilustra perfectamente el sentimiento de suciedad, de pérdida de inocencia que se instaura en el corazón del niño/a que sufre abuso o maltrato.

 

INSTRUMENTAL IV

Capítulo 5

Sobre este capítulo, voy a tratar sobre dos temas que describe James, el Trastorno Disociativo y el sentimiento de vergüenza.

La Disociación como Mecanismo de defensa

“Cuando esa parte de mí que se disociaba del resto durante las violaciones es la que lleva la [ ... ]

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09 Apr 2020 18:15 - Maria Cruz Tébar
Instrumental III

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTRUMENTAL III

Capítulo 4

James cuenta en este capítulo que, con diez años, por fin cambió de colegio, y sólo así cesaron los abusos.

James no lo narra, pero podemos suponer cómo sobrevivió estos cinco años y por qué no lo denunció. Desde fuera resulta difícil de comprender que no lo hiciera, porque parece algo que contradice al sentido común: ¿Por qué no se lo dijo a nadie? ¿Por qué nadie [ ... ]

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25 Mar 2020 19:19 - Maria Cruz Tébar
Instrumental II

 

 

 

INSTRUMENTAL II

Capítulo 3

En este capítulo James describe distintas consecuencias de la agresión sexual reiterada que sufrió desde los 5 años. Como otras víctimas de violación, siente que lleva una mancha que nunca desaparece, porque hay mil cosas cotidianas que se lo recuerdan.

Voy a hablar primero de los síntomas relacionados con la pérdida de control. Al ser agredido de forma continuada, sin posibilidad de escapar, sin puntos de referencia, sin testigos, sin poderlo nombrar, [ ... ]

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